Los amantes del tango tendrán acceso a más de 50 pistas de Buenos Aires. En algunos de esos espacios también habrá clases gratuitas para quienes quieran dar sus primeros pasos o perfeccionarse. Una iniciativa de las milongas para paliar la temporada baja y la recesión.

 
 
 
 
 
 

 

 Por Andrés Valenzuela

“¿Si da para salir de caravana? Y... el año pasado hubo gente que hizo cinco milongas en una noche”, cuenta Julio Bassan, presidente de la Asociación de Organizadores de Milongas (AOM), que justamente hoy comienza la edición 2016 de su Maratón Milonguera. Hasta el 26 de junio los amantes del tango podrán comprar un bono (180 pesos, aproximadamente el precio de dos entradas estándar) que les permitirá acceder a más de 50 pistas de Buenos Aires. En algunos de esos espacios también habrá clases gratuitas para quienes quieran dar sus primeros pasos o perfeccionar los yeites que ya manejan. A los habitués, la Maratón les da la excusa perfecta para salir de su circuito habitual y conocer otros espacios, abrazar otros bailarines y conocer distintos dj’s. La semana tendrá su punto más alto el viernes, con doce opciones para visitar (el listado completo, en http://www.milongas.org.ar/).

“La temporada baja viene cada vez más baja y más prolongada, por eso redoblamos la apuesta”, confía Bassan. En el universo del tango, los meses más fuertes coinciden con las vacaciones del hemisferio norte y el calorcito local: de agosto a marzo, aproximadamente. Junio, explica, es difícil. “Y la última semana de este mes, estadísticamente, es la peor del año, por eso la agarramos”. A la adversidad plantarle cara y al frío, arrimarse para bailar. “Con abrazos no hay invierno”, proponen y propician “el acercamiento a la pista y a la milonga, con su mix de vecinos, músicos y bailarines que conviven los 365 días del año”.

Los milongueros, saben los que frecuentan las pistas, suelen ser bichos de costumbres, y una vez que se aquerencian en una rutinita de lugares en los que se sienten cómodos, cuesta cambiarlos a otras pistas. La ocasión es ideal “sobre todo para quienes no salen del circuito por falta de dinero o de tiempo”, destacan desde la AOM.

La AOM reúne a un centenar de milongas y prácticas porteñas, sobre alrededor de 150 que hay en toda la ciudad (y sin contar las muchas que hay en el conurbano bonaerense y el resto del país). La Maratón es una de las dos actividades que la asociación hace todos los años, y la única que organiza en soledad. El otro gran evento colectivo de estos espacios es la Semana de las Milongas, que se realiza con apoyo de la Dirección de Patrimonio local y que –aunque todavía resta la confirmación oficial– este año se haría en septiembre, anticipa su presidente.

La difusión que pueden generar estos eventos resulta fundamental para alimentar los espacios milongueros, atravesados -como otras áreas de la cultura porteña- por las clausuras y el tarifazo. En julio 2015, de hecho, la AOM convocó a una protesta frente a la Jefatura del gobierno de la Ciudad en Avenida de Mayo al 500. Arreciaban las clausuras y pedían la atención de sus reclamos. Casi un año más tarde, aseguran, la situación no cambió mucho. “El sector cultural está atravesando una situación muy pero muy compleja y sinceramente corren riesgo las milongas justamente en la meca, la capital del tango”, advierte Bassan. Ni la declaración de la Unesco del género como patrimonio de la humanidad, ni la ley 130 que la declara patrimonio de Buenos Aires, parecen desvelar a las autoridades en defensa de estos espacios de esparcimiento que tanto tienen que ver no sólo con la historia, sino también con el presente cultural de la Ciudad. A esto se suma el aumento desmedido de las tarifas de los servicios públicos. La AOM forma parte del colectivo de organizaciones Cultura Unida y formó parte de la convocatoria al “Apagón cultural” de fines de mayo.

“En esta situación puede que se cierren clubes y lugares de baile”, se preocupa el director de la Asociación. “El organizador de una milonga no tiene ganancias extraordinarias, en general sale hecho, cubre los gastos y se lleva un poquito de plata”, explica. “Una suba del 500 por ciento en las tarifas no se pude trasladar al público, porque sino el valor de la entrada tendría que ser el triple”, comenta. Y el bailarín de tango no es conocido precisamente por sus gastos desmesurados. “Pensá que un milonguero no toma mucho porque eso te impide luego el baile”, señala. “Si en temporada baja viene menos gente, imaginate si llevás la entrada a 300 pesos”, desliza mientras reclama que el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, dé una respuesta concreta a la situación. “Todo esto debe sonar muy raro para un extranjero, ¿no? Que en Buenos Aires corran peligro las milongas”.

Aunque la situación con el tarifazo es lo más apremiante, la cuestión de las habilitaciones y clausuras también sigue vigente. “Las últimas clausuras fueron muy lamentables, con desalojo directo, con la policía, como si esto fuese una actividad peligrosa”, lamenta. “Muchas veces los permisos tardan más del tiempo estipulado, no sólo del tiempo deseado, y cuando la cuestión es burocráticamente entorpecedora, deja mucho que desear, porque están matando de a poquito la cultura”, critica.

“Aunque seamos patrimonio, en la práctica eso no se ejerce si sólo se recuerda que el tango existe 15 días al año: fijate que el Mundial se realiza estratégicamente en agosto porque los europeos tienen vacaciones, pero nosotros trabajamos todo el año para nuestro público que es argentino o vive acá. Tenemos que hacer malabares para mantener el espacio, que reúne a viejas y nuevas generaciones. Si llegan a cerrar las milongas no sé si matan el corazón del tango, pero los pulmones seguro: es donde sigue viviendo esta memoria ancestral del movimiento”.

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/13-39206-2016-06-20.html